Mientras Santos anunciaba la firma del ¨Acuerdo Final¨ con las Farc, simultáneamente pedía la captura del exministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, en los Estados Unidos. El día en que selló su acuerdo con el grupo guerrillero y se comprometió a eximir a los responsables de crímenes de lesa humanidad de ir a la cárcel, pidió hacer efectiva la extradición de Arias para someterlo a 17 años de prisión.

En un claro desafío a la oposición política y a los funcionarios del Gobierno Uribe, el Presidente de la República envió el intimidatorio mensaje. Como cuando la mafia envía obituarios o coronas fúnebres a sus enemigos, Santos quiso amedrentarnos con el poder de  una justicia sometida al antojo de sus intereses.

Para llegar al poder Santos se valió de Uribe, después, para gobernar a su antojo, tuvo que traicionarlo. Ese es su único mérito, quienes lo rodean no son santistas, son anti uribistas o contratistas. Por eso ha dedicado grandes esfuerzos, no sólo a descalificar a su antecesor y su obra de gobierno, sino a perseguir a sus más cercanos colaboradores.

Es un patrón común, que a los candidatos uribistas a la Presidencia de la República, los derroten o inhabiliten a través de cuestionables decisiones o montajes judiciales. Los casos más evidentes de esa coincidencia son: Luis Alfredo Ramos, Óscar Iván Zuluaga y Andrés Felipe Arias.

Frente a la política sistemática de judicialización del uribismo, resulta que, el único funcionario del gobierno Uribe que no es un criminal, es quien lo traicionó. Vale recordarle que la traición a Uribe y las concesiones a las Farc no le garantizan un eventual indulto de la izquierda radical sobre sus actuaciones, para quienes no habrá sido más que un Idiota Útil.

Andrés Felipe Arias es víctima de una clara persecución. Se le condenó por una política de gobierno, con la que se puede estar de acuerdo o no, pero que no puede considerarse infracción a la ley penal. El exministro no obtuvo ningún beneficio personal del programa Agro Ingreso Seguro, del que abusaron personas inescrupulosas, a través de la subdivisión de predios para obtener mayores subsidios por parte del Estado.

Sostener que Arias intervino directamente en el otorgamiento de los subsidios y en la escogencia de los beneficiarios es tan ridículo como decir que el Ministro de Defensa de la época ordenó el asesinato selectivo de jóvenes en Soacha, los “falsos positivos”.

Sus méritos y virtudes fueron sus principales enemigos, cuando sus contendores vieron en él las cualidades para ser Presidente, acudieron a la persecución judicial para sacarlo del camino. Es un mensaje que desestimula a quienes honestamente queremos aportar al país desde el servicio público. El que amenaza a los intereses establecidos, es eliminado. En los 90 los mataban, hoy los meten presos.

Andrés Felipe Arias es una persona honesta que sirvió al país con amor y dedicación, sus hijos tienen que estar orgullosos de su padre, ojalá el país lo recupere y la justicia los repare.

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