El impuesto predial en Bogotá se ha vuelto confiscatorio, los bogotanos pagamos como si viviéramos en Estocolmo aunque la realidad es como la de Caracas. El tributo ha tenido aumentos superiores al 100% anual, superando la capacidad de pago de los contribuyentes. La presión fiscal de la capital le está restando competitividad y ha desplazando a ciudadanos, empresas y colegios a municipios periféricos.

El problema más grave lo tienen los colegios, muchos de ellos han cerrado sus puertas porque el impuesto predial ha vuelto insostenible su operación. Otros se han ido a municipios aledaños, generando problemas a la movilidad y  afectando la calidad de vida de niños y profesores, que pierden hasta tres horas al día en desplazamientos.

Hay casos tan absurdos como el de un colegio privado al norte de Bogotá, que pasó de pagar 50 millones de pesos en 2010 a pagar 550 en 2016. En el predio, propiedad de una comunidad religiosa, funciona el colegio desde hace 50 años, su construcción es de conservación arquitectónica y no se puede construir. El lote, de 4.5 hectáreas, quedó en medio de torres residenciales de estratos altos y su avalúo catastral es cercano a los 90 mil millones de pesos, a pesar de su uso y restricciones.

Los colegios no pueden aumentar el valor de sus matrículas por encima de la inflación, lo que implica que sus ingresos se mantienen estables mientras que el predial les ha aumentado hasta un 1000% en cinco años. La situación es más compleja aun, pues el Reglamento Colombiano de Construcción Sismo resistente NSR-10, los obliga a hacer grandes inversiones en reforzamientos estructurales antes del 15 de diciembre de 2016.

El impuesto se ha convertido en un enemigo de la educación privada, que afecta a colegios de todos los estratos socioeconómicos. Bogotá aún tiene grandes deficiencias en materia de educación pública, tanto en calidad como en cobertura, y los colegios privados han sido una alternativa para miles de familias. El Distrito no puede desestimular la educación privada asfixiándola con una carga tributaria excesiva, por el contrario, debe promover que haya más colegios, que haya más educación.

La educación, pública y privada, genera externalidades positivas para toda la sociedad de incalculable valor y debemos garantizar que quienes la ofrecen tengan beneficios que se reflejen en el mejoramiento de su actividad. Por eso es muy importante que el Distrito exima del pago de dicho impuesto a las instituciones educativas sin ánimo de lucro, colegios y universidades. Se calcula que la disminución en el recaudo esta entre 60 y 80 mil millones de pesos, pero el beneficio para todos, en especial para los niños, es inmenso.

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