En el Centro Democrático hemos sostenido varias discusiones frente a cuál debe ser la posición del partido una vez la Corte Constitucional declare exequible el plebiscito por las FARC. Según algunos medios de comunicación, las mayorías en la Corte aprobarán el Plebiscito como mecanismo de refrendación del Acuerdo Final entre el gobierno y la guerrilla, manteniendo el umbral del 13% que se aprobó en el Congreso y el cual dará lugar, a que lo acordado en La Habana, entre al bloque de constitucionalidad a manera de Acuerdo Especial, sin que el Congreso pueda modificarlo y sin que la misma Corte pueda revisar de fondo su constitucionalidad.

La decisión no es fácil. Por un lado hay quienes sostienen que se debe promover el NO para derrotar a Santos y a las FARC en las urnas, aprovechando la baja popularidad del Presidente y su Gobierno y del rechazo generalizado de los colombianos frente a las FARC. Si el NO logra convertirse en una especie de plebiscito contra Santos, habrá muchos ciudadanos motivados a votar en su contra, capitalizando, no solo el desacuerdo frente a lo pactado en Cuba, sino el rechazo contra el presidente.

Quienes son partidarios del NO, sostienen que el único partido de oposición no se puede quedar cruzado de brazos frente a la entrega del país a las FARC y que la única manera de detener ese exabrupto es en las urnas. Una campaña por el No obligaría al Partido a permanecer en las calles en contacto directo con los ciudadanos contrarrestando el poderoso y descarado aparato de la propaganda oficial que busca imponer el SÍ.

A pesar de correr el riesgo de una derrota, los simpatizantes del NO creen que más vale dejar una constancia histórica de nuestro esfuerzo por impedir la claudicación del Estado frente al grupo narcotraficante, que dejar de participar del plebiscito por ilegitimo que sea. Recuerdan que en 2005 la oposición venezolana no se presentó a las elecciones parlamentarias, alegando falta de garantías, y el chavismo ocupó todos los espacios, lo que le permitió adelantar las reformas que acabaron con la democracia del vecino país. La abstención, superior al 75%, no sirvió como argumento para detener los abusos del régimen.

En el otro lado, creemos que el partido debe impulsar la Abstención Activa, como actitud coherente a la Resistencia Civil. El Centro Democrático no puede prestarse para validar, para legitimar el atropello anti democrático que es el plebiscito.

Primero porque hemos dicho que el plebiscito no es un mecanismo de refrendación. Las modificaciones constitucionales a las que haya lugar producto del Acuerdo Final con las FARC, deben ser refrendadas por el pueblo colombiano a través de los mecanismos que establece la Constitución. Un Referendo que someta a consideración de los ciudadanos cada uno de los temas acordados o una Asamblea Nacional Constituyente.

El plebiscito es una especie de encuesta para consultar el respaldo popular a una política de gobierno, pero no un mecanismo válido para adelantar profundas reformas constitucionales. Santos pretende legalizar su pacto con las FARC con una única pregunta maniquea: ¿Quiere la paz SI o NO?.

Pero además de utilizar un mecanismo que no es de refrendación, lo manipulan para amarrar el éxito con trampas, bajando el umbral del 51 al 13% cuando precisamente se había establecido la mitad más uno como umbral, para que fuera la mayoría la única habilitada para tomar estas decisiones. Dándole además un valor a la abstención como instrumento válido de participación política.

Por último, la manipulación del aparato estatal a favor del SÍ hace de la campaña por el plebiscito una competencia desleal. Santos seguirá utilizando los recursos públicos a favor del SÍ y obligará a todos los funcionarios públicos a promoverlo, incluso a la fuerza pública como anuncio Villegas. Ya hemos visto a Mauricio Cárdenas, chequera en mano, condicionando la entrega de recursos de las regalías a los alcaldes de municipios que apoyen el Sí.

El Plebiscito no solo es un mecanismo inconstitucional, arbitrario y tramposo, el gobierno ha abusado del Estado en su propósito, incluso el presidente nos ha amenazado con una guerra urbana de las FARC en caso de que no aprobemos su pacto. No hay garantías, no podemos prestarnos para darle apariencia de legitimidad a ese atropello.

Si la oposición decide participar en el plebiscito, se verá en la obligación de reconocer su resultado, la única posibilidad de que en un futuro podamos reversar los pactos que sean nocivos para la democracia, contrarios a la constitución y a la voluntad del pueblo colombiano, es con la abstención.

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