Los anuncios de la Habana tocan fibras profundas del pueblo colombiano, movilizan la esperanza de paz que todos tenemos. Palomitas blancas, conmovedores mensajes de reconciliación, imágenes de un futuro promisorio para todos. La efectiva estrategia del Gobierno para justificar las concesiones a las Farc en nombre de la paz incluye: modificaciones constitucionales arbitrarias, millonarios contratos para asesores y promotores de la “paz”, mermelada para los políticos, entrega de casas a cambio de votos, billones de pesos en “pedagogía por la paz”, estigmatización de la oposición, descalificación constante de quienes hacen criticas al proceso, chantajes y amenazas a la población.

Las Farc han logrado con Santos lo que no habían obtenido en 50 años de violencia: los reivindicó ante el mundo entero, les otorgó facultades constituyentes, los reconoció como contraparte legítima del Estado, les lavó los crímenes atroces y el narcotráfico, alegando que han sido altruistas. No pagaran ni un día de cárcel, crearán un tribunal de justicia donde participarán en la elección de sus jueces, el cual tendrá capacidad de investigar y juzgar a cualquier ciudadano, y de revisar sentencias proferidas por los más altos tribunales de la justicia en Colombia. Participarán en política, en condiciones más favorables que las de los partidos democráticos, y no pagarán un peso para reparar a sus víctimas.

El pacto entre Farc y Gobierno Santos es una realidad, una imposición que le suma fragilidad a nuestra débil democracia. El maltrato institucional, nuevamente a nombre de la paz, es un mal precedente. Una institucionalidad precaria, la división de poderes desdibujada, la economía en rápida desaceleración, la corrupción galopante, la justicia politizada, fuerzas armadas desmoralizadas y sin voluntad de lucha, inseguridad jurídica y tributaria, medios de comunicación sin capacidad de crítica, protestas y reivindicaciones sociales -ficticias y reales- son el caldo de cultivo perfecto para los populismos, de izquierda o de derecha.

Sí las Farc se aprovechan de los diálogos y de la sospechosa debilidad de Juan Manuel Santos, sí en cumplimiento de su objeto misional, de su doctrina y de su violenta coherencia mezclan armas y narcotráfico con votos y discursos de paz, pueden allanar el camino para alcanzar el socialismo del Siglo XXI en Colombia, por la vía de la “democracia”. Cuba y Venezuela, las dictaduras que validan nuestra “paz”, tienen en Colombia su tabla de salvación, sus tiranías sin petróleo necesitan cocaína. Colombia es un bastión fundamental, para el imperialismo cubano.

Celebrar es divertido y contagioso, el júbilo por la “paz” no nos permite leer lo que está en letra pequeña en los acuerdos. Mencionar los costos y los riesgos nos pone en el papel de aguafiestas, en medio de la borrachera no es popular recordar la cuenta, el guayabo y la depresión del otro día. Es un momento importante para el país, para pensar sin triunfalismos, para ser más críticos sin tragar entero. Al país le vendría bien un sano escepticismo que nos permita una profunda reflexión sobre el futuro.
@SHOYOS

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