EL Presidente Santos, durante la reunión del Foro Económico Mundial en Medellín, lanzó una dura advertencia a los colombianos. Aseguró tener ¨Información amplísima¨ acerca de la eventual arremetida terrorista por parte de las Farc, en las ciudades del país, en caso de que el Plebiscito no sea aprobado. Dicha amenaza fue formulada por el Presidente de la República un día antes de que se filtrara la ponencia favorable, de la Corte Constitucional, al Acto Legislativo para la Paz.

No fue un lapsus, ni una ligereza del Presidente, aunque el Ministro de Defensa haya tratado de desmentir la grave confesión del Mandatario. Él es el Jefe de Estado, la máxima autoridad de la República, no fue un panfleto anónimo. Santos tiene acceso a información de inteligencia y de los organismos de seguridad del Estado, lleva seis años dialogando con las Farc, conoce de primera mano lo que sucede en el país. No es un opinador de ocasión, ni un funcionario de segunda que metió la pata, no se trata de un problema de comunicación, Juan Manuel Santos no solo es el Presidente de la República, es un veterano político y periodista que sabe lo que dice y hace. Dijo lo que dijo, y sostener lo contrario es tratarlo de imbécil.

El país tuvo largas discusiones acerca de la legitimidad del Plebiscito, sobre la arbitraria reducción de su umbral y su validez como mecanismo de refrendación de lo que se pacte en la Habana. Se discutieron, en vano, las garantías para promover el Sí, el No o la Abstención, la financiación de las campañas, los espacios en medios de comunicación, la participación de los funcionarios públicos, etc. Ya nada de eso tiene sentido, ya no vale la pena discutir, esos aspectos se han vuelto secundarios.

No puede haber Plebiscito, no se puede convocar a los ciudadanos para tal propósito. Los colombianos hemos sido notificados, a través del Presidente de la República, de una inminente represalia violenta por parte de las Farc si no votamos por el SÍ en el Plebiscito. Aceptamos lo pactado, sin poder modificarlo, o correrán ríos de sangre por las calles de nuestras ciudades. Esa amenaza, ese chantaje vicia el resultado del mecanismo. Es un claro constreñimiento al elector, votar por el SÍ a cambio de que nos respeten la vida no refleja la voluntad, libre y soberana, del pueblo colombiano. No estamos escogiendo lo mejor, estamos votando con los fusiles de las Farc apuntando a nuestras cabezas.

¿Qué garantías tenemos, quienes nos oponemos a lo acordado, para promover el No o la Abstención?, no podemos cargar con el costo de que se cumpla la amenaza de las Farc. Ante esta situación, la Corte debe impedir que se realice el Plebiscito, el Gobierno no puede exponer a los colombianos a ese riesgo.
@SHOYOS

Leave a comment