Algunos aseguran que la lucha contra las drogas ha sido un fracaso, alegan que tanto la producción como el consumo han aumentado a pesar del esfuerzo de las autoridades por combatir este flagelo a través de la vía militar, penal y social. Es cierto que el problema no se ha acabado y que la estrategia debe replantearse, pero la lucha contra el narcotráfico ha servido como barrera de contención ante un problema que podría ser peor.
La manera de combatir el crimen no es legalizarlo, nadie se atrevería a decir que debemos cerrar la policía puesto que en las calles sigue habiendo delincuencia después de 200 años. La legalización de las drogas, aunque afectaría el negocio del narcotráfico, podría traer problemas sociales y de salud pública de inimaginables consecuencias.
No obstante, el debate ha sido planteado y es sano darlo. Colombia ha buscado asumir una posición de autoridad debido a la carga que le ha significado ser el principal productor de drogas ilícitas del mundo. Desde los años 70, Álvaro y Enrique Gómez Hurtado hablan de la despenalización del consumo como estrategia contra la droga; el Premio Nobel de economía, Milton Friedman, va un poco más allá y habla de legalización, pues desde una perspectiva económica al bajar los precios se acaba con el mercado negro y la criminalidad asociada.
La semana pasada en las Naciones Unidas, el Presidente Santos volvió a plantear la discusión frente a la estrategia en la lucha contra las drogas. Sin hacer planteamientos puntuales, su discurso pareció una manera de justificar el retroceso que ha vivido el país, durante su administración, en la materia.
Según un reciente informe de la Casa Blanca, en Colombia pasamos de tener 80 mil hectáreas de cultivos ilícitos en 2013 a 159 mil en 2016. Se duplicaron los cultivos. Lo que confirma que la estrategia del Plan Colombia y la Seguridad Democrática fue mucho más eficiente, en la contención del narcotráfico, que la empleada por el gobierno Santos.
Es cierto que Colombia pone los muertos, la corrupción pública, la tala de bosques y selvas tropicales para cultivos ilícitos, y cada vez más consumidores. En esta lucha debe haber corresponsabilidad por parte de los países consumidores, su aporte no puede ser dificultar los intercambios con Colombia y donar cada año una suma de dinero. Este crimen transnacional desborda la capacidad de nuestro Estado y consume la atención de toda la sociedad, desatendiendo problemas y proyectos fundamentales.
Creo que debemos profundizar en el debate con propuestas puntuales, Portugal en el año 2000 dio un paso muy significativo a través de la descriminalización controlada del porte de sustancias psicoactivas. Ahora que la Corte Suprema relativizó la dosis mínima, debemos crear un marco legal que establezca límites claros al consumo y al porte de drogas, buscando alternativas pedagógicas y sanciones administrativas que desincentiven el consumo y ayudas terapéuticas de rehabilitación.

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