EL 2 de abril salimos a las calles cientos de miles de colombianos. Las principales ciudades del país fueron escenario para que la oposición a Juan Manuel Santos se manifestara, masivamente, contra de su mal Gobierno. Ciudadanos de todos los sectores y condiciones sociales, de diversa filiación política, salimos a protestar.

En un país que no es dado a las manifestaciones públicas, cientos de miles de colombianos marchamos pacíficamente para decir NO más Santos. Acudimos espontáneamente al llamado de un grupo de ciudadanos que, desde las redes sociales y sin plata, invitaron a la movilización a la que el Centro Democrático y sectores del Partido Conservador, nos unimos.

Desde el inicio, tanto funcionarios de Gobierno como intolerantes pacifistas, trataron de descalificar la marcha: “la marcha contra la paz”, dedicándole miles de mensajes en twitter, columnas de opinión y montajes en las redes sociales. Hubo un esfuerzo desesperado por contrarrestar la manifestación y por persuadir a los ciudadanos de movilizarse en contra del Gobierno.

 

Desde Palacio pusieron al hijo del Presidente a decir que la marcha tenía relación con el paro armado que adelantan las bandas criminales en el norte del país, una irresponsable y cobarde criminalización de la protesta y de la oposición política. El decorativo Ministro de Defensa, en lugar de garantizar la seguridad y el orden, salió a pedir que nos quedáramos en las casas, infundiendo el miedo, haciéndole el juego al Clan Úsuga y reconociendo que el control del norte del país está en manos criminales y no del Estado.

 

En las páginas de los principales medios de comunicación hubo un diciente silencio, querían ocultar la masiva oposición a su anunciante. La encuesta Yanhaas del 28 de marzo, ubicó la aprobación al Presidente Santos en un generoso 13%, situación que se confirmó en las calles.

 

Más allá de cuántos salimos, en Bogotá la plaza de Bolívar no fue suficiente para recibir a los manifestantes y en Medellín la asistencia fue superior, el mensaje a Santos fue contundente. Las imágenes, así como el afán del Gobierno y de su comité de aplausos por descalificar la marcha, son contundentes. El mejor indicador del éxito es el desespero del régimen, que no tiene ni el apoyo ciudadano de Uribe, ni la capacidad de movilizar ciudadanos sin repartir el presupuesto nacional.

 

Ojalá el Presidente Santos escuche al país y empiece a gobernar. Padecemos un paro judicial desde enero; sufrimos paro armado de las bandas criminales, los socios de las Farc y el Eln; los cultivos ilícitos han crecido 44% y estamos al borde de un apagón; mientras los niños mueren de hambre en la Guajira, los hermanos de los ministros se enriquecen con la contratación pública. Colombia dijo NO más.

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