“Ya no todos respaldan la satrapía de ese gobierno”

El anuncio de Mauricio Macri en el sentido de denunciar a Venezuela por el deterioro de la democracia, la existencia de presos políticos y la restricción de otras libertades, es por ahora una voz solitaria entre los mandatarios de la región, pero al menos es una voz en el desierto del silencio frente a los atropellos que ejerce el chavismo por extensión y Maduro en forma específica. No alcanza el anuncio de Macri para construir una esperanza, aunque sí debería ser un anticipo por la sincronía con la inminencia de las elecciones parlamentarias. Al tiempo que es un anuncio de que el electorado venezolano no está solo y que, aunque son ellos quienes deben cambiar el actual estado de cosas, no todos los gobiernos de la región respaldan ya a la satrapía que encabeza Nicolás Maduro.

El anuncio fue casi simultáneo con el asesinato de Luis Manuel Díaz, un dirigente político de la oposición cercano en el momento de caer asesinado al grupo que en plena campaña pre electoral integraba la esposa de Leopoldo López. El intento de intimidación y la campaña de terror contra la oposición por parte de bandas paramilitares afectas al gobierno, muestran que la intención señalada no tiene límites ni escrúpulos en el afán de detener una ola de repudio en las urnas a pocos días de las elecciones. Todas las encuestas, sin distingos, señalan el triunfo de la oposición y la facción en el poder ya avisó sobre más violencia contra la ciudadanía si las urnas le voltean la espalda en la puja del 10 de diciembre.

El anuncio de Macri y los vientos de cambio en la decisión del electorado venezolano están marcando la posibilidad de una alteración en los rumbos del panorama político regional, en el cual varios gobiernos populistas se enseñorean, con pretensión de permanencia y burlando elementales formas de manejo democrático hacia sus sociedades. Las restricciones a los mínimos democráticos y la reaparición del autoritarismo, con las experiencias de Cristina Fernández en la Argentina y la propia de Maduro y Rafael Correa, son la mejor enseñanza para entender que es necesario consolidar las democracias vigentes, asediadas por fenómenos como la corrupción el narcotráfico y el incumplimiento de las promesas que plantean los sectores políticos, antes de acceder al control del poder. Se trata ahora de no repetir lo que muestran los espejos rotos de estos países vecinos de Colombia, de asegurar la pulcritud de las instituciones democráticas que garantizan la continuidad de una cultura de respeto a los derechos que entendemos como conquistas democráticas.

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